El agua es el recurso que más damos por hecho hasta que llega una sequía y empiezan las restricciones. La buena noticia es que un hogar puede reducir su consumo casi a la mitad sin reformas ni renuncias dolorosas; solo cambiando un par de costumbres y poniendo dos o tres cosas que cuestan pocos euros.
El baño es donde se juega todo
Más de la mitad del agua de una vivienda se va por el cuarto de baño. Ahí están los mayores ahorros:
- La ducha frente al baño: una ducha de cinco minutos gasta unos 50 litros; llenar la bañera, más de 150. La cuenta es clara.
- Cierra el grifo mientras te enjabonas o te lavas los dientes. Un grifo abierto suelta unos 10 litros por minuto: dejarlo correr mientras te cepillas son varios litros tirados, dos veces al día.
- Si la cisterna es antigua y no tiene doble pulsador, mete una botella llena de agua dentro del depósito: cada descarga usará casi un litro y medio menos.
Aireadores: el mejor euro invertido
Un aireador es una pieza pequeña que se enrosca en la punta del grifo y mezcla el agua con aire. Mantiene la sensación de chorro fuerte pero deja pasar la mitad de agua. Cuesta entre tres y seis euros, se pone con la mano en un minuto y no se nota la diferencia al usar el grifo. Es, sin discusión, el ahorro de agua más rentable que existe.
La cocina y las pequeñas fugas
Pon el lavavajillas y la lavadora siempre llenos: lavan casi la misma agua con media carga que con carga completa. Reutiliza el agua de lavar la verdura o la que sale fría mientras esperas a que salga caliente para regar las plantas; cabe en una jarra junto al fregadero.
Y vigila las fugas silenciosas: un grifo que gotea pierde decenas de litros al día, y una cisterna que «llora» puede irse a miles de litros al mes sin que lo notes en el ruido, solo en la factura. Cierra todos los grifos, mira el contador y, si sigue girando, tienes una fuga que cazar. Ninguno de estos gestos cambia tu vida, pero juntos se notan en el recibo y, sobre todo, cuando el agua escasea.