El invierno trae siempre la misma escena: unos quieren la casa a 24 grados en manga corta y otros se quejan de la factura. La calefacción es la mayor parte del gasto energético de un hogar en los meses fríos, así que ajustar bien la temperatura no es una manía de tacaños: es donde más dinero se mueve. Y el truco está en un número sorprendentemente bajo.
El número mágico y por qué
Los expertos en eficiencia recomiendan unos 19-21 grados durante el día y bajar a 15-17 por la noche o cuando no hay nadie en casa. Puede parecer poco si estás acostumbrado a más, pero cada grado por encima de 20 incrementa el consumo de calefacción alrededor de un 7 %. Subir de 20 a 23 grados puede significar más de un 20 % de gasto extra, solo por esa sensación de «un poquito más calentito».
Vestirse para casa no es tontería
Parece una obviedad, pero marca la diferencia: un jersey y unos calcetines gruesos «valen» un par de grados de calefacción. Antes de subir el termostato, prueba a abrigarte un poco más; el cuerpo se acostumbra rápido a una casa a 20 grados y deja de pedir más. Una manta en el sofá para las noches de tele hace el resto.
Ajustes que multiplican el ahorro
- Programa el termostato: que baje solo de noche y mientras estás fuera, y que caliente justo antes de levantarte o volver. Un termostato programable se amortiza en una temporada.
- No tapes los radiadores con muebles, sofás o ropa secándose: bloquean el calor que ya estás pagando.
- Purga los radiadores al empezar el invierno si hacen ruido o calientan a medias; el aire dentro impide que funcionen bien.
- Cierra las puertas de las habitaciones vacías y baja sus radiadores: no tiene sentido calentar un cuarto donde no entra nadie.
Ninguno de estos ajustes te obliga a pasar frío. Se trata de calentar lo justo, donde estás y cuando estás, en lugar de mantener toda la casa a temperatura de verano las 24 horas. Bien combinado con tapar las rendijas y bajar las persianas al anochecer, el resultado es una casa confortable y una factura de invierno bastante más amable.