El sábado 24 de octubre, antes de acostarte, te tocará lo de siempre: el reloj del horno, el del coche y el de la pared del salón, porque esos no se ajustan solos. A las tres de la madrugada del domingo 25, la hora oficial en la Península y Baleares retrocederá a las dos. En Canarias, el salto será de las dos a la una. Ese domingo tendrá, oficialmente, veinticinco horas — la contrapartida del día de veintitrés horas que tocó sufrir en marzo, y esta vez con premio: una hora de sueño de más, no de menos.
Cuándo cambia la hora en 2026 (y la excepción canaria)
La fecha no la decide un meteorólogo ni una intuición colectiva sobre cuándo "ya se nota" el frío. Está fijada por el Real Decreto 236/2002, que incorporó a España la directiva europea sobre el horario de verano, y se concreta año a año en calendarios quinquenales que publica el Gobierno en el BOE. El que rige ahora mismo, la Orden PCM/186/2022, marcó las fechas de 2022 a 2026: el adelanto llegó el 29 de marzo, y el atraso llega el domingo 25 de octubre, cuando a las 3:00 volverán a ser las 2:00 en la España peninsular e insular balear. Canarias, que ya va una hora por detrás durante todo el año, vive su propio ajuste a la misma hora del reloj pero con otro número: de las 2:00 a la 1:00. Si tienes familia o negocio repartido entre la Península y el archipiélago, esa hora de diferencia sigue siendo la misma de siempre — el cambio no la altera, solo la desplaza en el calendario junto con el resto del país. Vale la pena fijarse en un detalle que casi nadie explica bien: el ajuste no ocurre a medianoche por capricho, sino de madrugada del domingo, precisamente para minimizar el lío en transporte, comercio y horarios laborales. Y aunque el móvil se pondrá en hora solo, en cuanto tenga cobertura, el reloj del horno y el del microondas seguirán marcando la hora de verano hasta que alguien se acuerde de tocarlos.
¿Cuánto se ahorra en realidad? Las cifras que maneja el Gobierno
Aquí es donde el relato se vuelve menos bonito de lo que promete el titular. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, calcula que el cambio de hora reduce el consumo en iluminación en torno a un 5%, lo que se traduce en unos 60 millones de euros de ahorro repartidos entre todos los hogares españoles. Suena a mucho hasta que lo divides entre los casi 19 millones de hogares que hay en España: salen poco más de tres euros al año por vivienda. Si vives solo, te toca una fracción todavía más pequeña de esos tres euros; si compartís piso entre cuatro, ni eso. El propio MITECO lo reconoce sin adornos: "aunque los cambios estacionales de hora pueden producir ahorros, estos son marginales, y no hay certeza de que los beneficios se obtengan en todos los Estados" de la Unión Europea. La OCU, por su parte, ha calculado el ahorro doméstico en apenas 0,30 euros por hora de luz que dejas de encender, y Greenpeace lo resume con una frase que deja claro dónde está el problema real: la organización lo considera "una iniciativa positiva" pero "claramente insuficiente para un verdadero ahorro energético en España". Ese cálculo del IDAE, además, parte de un uso eficiente de la iluminación — bombillas LED, nada encendido en habitaciones vacías —, así que en una casa con bombillas viejas o con la luz del pasillo encendida todo el día el ahorro real puede ser todavía menor de lo que dice el papel.
Mejor opción: no le pidas al cambio de hora que baje tu factura. Tres euros al año no van a notarse entre las subidas y bajadas normales del recibo, y construir expectativas sobre esa cifra solo prepara la decepción en diciembre, cuando la calefacción empiece a pasar factura de verdad.
El bulo que corre esta semana: "este año es el último cambio de hora"
No, no lo es.
Cada mes de septiembre reaparece el mismo titular, alimentado por el hecho real de que el calendario quinquenal 2022-2026 termina precisamente este octubre. Pero que termine un calendario no significa que termine la práctica: el Real Decreto 236/2002 no tiene fecha de caducidad, y la Comisión Europea ya ha publicado —el 18 de marzo de 2026— el calendario de los próximos cinco años. Ahí están las fechas: en 2027 el horario de verano irá del 28 de marzo al 31 de octubre; en 2028, del 26 de marzo al 29 de octubre; en 2029, del 25 de marzo al 28 de octubre; en 2030, del 31 de marzo al 27 de octubre, y en 2031, del 30 de marzo al 26 de octubre. El debate sobre abolir el cambio de hora sigue vivo en Bruselas desde que el Parlamento Europeo votara a favor en 2019, pero sin acuerdo entre los Veintisiete sobre qué horario fijo mantener —verano o invierno— la medida sigue prorrogándose, calendario tras calendario, sin que nadie ponga fecha final por escrito. Y no es solo un problema de Bruselas: España, geográficamente, debería compartir huso horario con Londres y Lisboa, pero lleva desde 1940 en el de Berlín y París por decisión política, así que cualquier cambio de fondo aquí abre además un debate sobre qué hora "de verdad" le corresponde al país.
Dónde se va tu dinero de verdad: la calefacción, no la bombilla
Mientras el debate sobre el reloj ocupa titulares, el gasto real de octubre a marzo se decide en otro sitio: el termostato. Un hogar medio en España gasta bastante más en climatizar que en iluminar, y esa proporción se dispara en cuanto empieza a hacer frío de verdad. Antes de encender la caldera por primera vez esta temporada, conviene que revises su estado —una revisión de mantenimiento con un instalador independiente cuesta entre 66 y 145 euros, según los precios que maneja Repsol, y aparte está la inspección periódica del gas, obligatoria y regulada, que ronda entre 30 y 60 euros y suele aparecer directamente en la factura de la distribuidora. Es un gasto que a nadie le apetece, sí, pero una caldera mal ajustada o con la combustión sucia puede consumir bastante más gas del necesario durante todo el invierno, así que esos cien euros de media se amortizan solos en unas pocas semanas de uso intensivo. Y no, cambiar las bombillas que te faltan por LED no sustituye a esto: son gastos distintos, para problemas distintos. No vale la pena presumir de bombillas eficientes en el salón si la caldera lleva dos inviernos sin que la toque un técnico — confundir ambas cosas es la forma más habitual de llegar a enero con la caldera tosiendo y la factura del gas disparada.
La lista de cinco minutos antes de encender la caldera
No hace falta una reforma para llegar mejor preparado al invierno. Antes de que baje más el termómetro, dedica una tarde a esto:
- Revisa los burletes de puertas y ventanas — si notas corriente de aire con la mano, ya sabes por dónde se escapa el calor.
- Purga los radiadores: si hacen ruido o tardan en calentar, probablemente tienen aire acumulado desde la primavera.
- Programa el termostato en vez de dejarlo encendido todo el día a una temperatura fija, que es la forma más rápida de disparar el consumo sin darte cuenta.
- Cierra las persianas al anochecer, ahora que oscurece antes — es la medida más barata de todas y de verdad reduce la pérdida de calor por el cristal.
- Y, si tienes tarifa con discriminación horaria, revisa si los tramos siguen encajando con tus rutinas de otoño, entre otras cosas porque el cambio de hora no mueve esos tramos ni un minuto.
Lo que opina la calle (y lo que toca hacer)
El Centro de Investigaciones Sociológicas lleva años preguntando y la respuesta apenas cambia: un 65% de los españoles quiere eliminar el cambio de hora, y si hay que elegir un horario fijo, el 70,9% preferiría quedarse con el de verano todo el año. ¿Tiene sentido esa preferencia? En parte sí: más luz por la tarde encaja mejor con la vida social y comercial de un país donde se cena tarde y se sale a la calle después del trabajo. Pero la experiencia ya se probó una vez, y no salió tan bien como parecía sobre el papel. Portugal adoptó el horario de Europa Central —el mismo que Madrid— entre 1992 y 1996, por decisión unilateral del entonces primer ministro Aníbal Cavaco Silva, precisamente para sincronizarse con el resto del continente. Cuatro años después dio marcha atrás: las mañanas de invierno con los escolares saliendo de casa a oscuras pesaron más que la comodidad de compartir reloj con Madrid o París, y Lisboa volvió al horario que comparte con Londres. No hay solución perfecta, solo un reparto distinto del mismo problema: quien gana luz por la tarde la pierde por la mañana, y viceversa.
Así que la próxima madrugada del 25 de octubre, aprovecha esa hora extra para dormir, no para convencerte de que has hecho algo importante por el planeta. Eso se consigue bajando el termostato dos grados y cerrando bien una ventana que lleva suelta desde marzo, no moviendo las agujas de un reloj que, de todas formas, seguirá moviéndose solo hasta 2031.