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Vuelta al cole sostenible: bancos de libros, ropa de segunda mano y menos plástico

Bancos de libros, uniformes de segunda mano y estuches sin plástico: la guía práctica para una vuelta al cole que gasta menos dinero y genera menos residuo.

Vuelta al cole sostenible: bancos de libros, ropa de segunda mano y menos plástico

En el buzón ya ha aparecido la primera lista del colegio, con folios grapados y una letra que parece copiada de la del año pasado. Vas al híper y ves las estanterías de material escolar desbordadas desde la primera semana de agosto, meses antes de que empiecen las clases. Y entonces te haces la pregunta que cada vez se hace más gente en España: ¿de verdad hace falta comprarlo todo nuevo otra vez?

La vuelta al cole que más contamina es la que empieza en agosto

Cada curso escolar en España genera toneladas de residuos que podrían evitarse con un poco de planificación: mochilas que se rompen a los tres meses, estuches de plástico que acaban en el contenedor gris y libros de texto que se compran nuevos cuando el hermano mayor los tiene guardados en una caja del trastero. El gasto medio por alumno en material y libros ronda los 150-250 euros en primaria y puede superar los 300 euros en secundaria, según las estimaciones que suelen manejar asociaciones de consumidores como la OCU en sus campañas de septiembre. Y sin embargo, buena parte de ese gasto es evitable si se organiza con tiempo, algo que en agosto todavía es posible y en la última semana de agosto ya es una carrera contrarreloj. Fabricar una mochila nueva desde cero consume plástico derivado del petróleo, agua y energía en cantidades que casi nunca se calculan cuando se compara el precio de saldo con el de una mochila reforzada. Multiplica ese gasto por los más de cuatro millones de alumnos de primaria y secundaria que hay en España y el volumen de residuo generado cada septiembre deja de ser un detalle doméstico para convertirse en un problema de escala nacional. Aun así, casi nadie piensa en la vuelta al cole como una cuestión de sostenibilidad, sino como un trámite de compras que hay que resolver cuanto antes.

Lo curioso es que las comunidades autónomas llevan años intentando reducir ese gasto con programas públicos de préstamo de libros, y aun así muchas familias siguen comprando todo de cero cada septiembre porque nadie les ha explicado bien cómo funciona el sistema o porque llegan tarde al plazo de inscripción. El resultado es un programa infrautilizado que cuesta dinero público y que, paradójicamente, deja a muchas familias comprando exactamente lo que el propio programa pretendía evitar.

Los bancos de libros: el programa que casi nadie aprovecha del todo

Comunidades como la Valenciana, Andalucía, Castilla y León o Aragón tienen programas de gratuidad o banco de libros que permiten reutilizar los mismos ejemplares durante varios cursos, siempre que las familias los devuelvan en buen estado al final de año. El problema no es que el programa no exista, sino que muchos centros lo gestionan con plazos ajustados a finales de junio o principios de julio, y quien no se apunta a tiempo se queda fuera y acaba comprando los libros nuevos en agosto por pura urgencia.

Evita comprar los libros de texto sin antes preguntar en la secretaría del centro si sigue abierto algún plazo de adhesión al banco de libros, porque en varios centros se permite una incorporación tardía si quedan ejemplares disponibles. Y si el colegio no tiene programa propio, merece la pena revisar grupos de Facebook o de Telegram de la AMPA del centro, donde muchas familias intercambian o venden los libros del curso anterior por una fracción del precio de librería.

Dónde buscar libros de segunda mano si el banco no cubre tu curso

  • Grupos de la AMPA del propio centro escolar, casi siempre el circuito más fiable porque los libros coinciden exactamente con la edición que se usa en clase.
  • Aplicaciones como Wallapop o Vinted, filtrando por ciudad para evitar gastos de envío en libros pesados.
  • Librerías especializadas en libro de texto de segunda mano, que en ciudades como Madrid, Valencia o Sevilla llevan décadas funcionando y suelen comprar y revender la misma edición año tras año.
  • El propio centro educativo, que en muchos casos guarda un fondo de ejemplares donados por familias que ya no los necesitan; conviene preguntar, porque no siempre se anuncia.

Los colegios bilingües y el gasto extra en libros de inglés

En los centros bilingües, que ya son mayoría en comunidades como Madrid, la factura de libros se dispara porque las asignaturas en inglés suelen usar editoriales extranjeras (Oxford, Cambridge, Richmond) que casi nunca entran en el banco de libros regional. El motivo es sencillo, aunque nadie lo explica bien en la reunión de inicio de curso: muchos de esos libros incluyen actividades para rellenar directamente en las páginas, así que no se pueden reutilizar de un curso a otro sin comprar además un cuaderno de actividades nuevo. Antes de comprar la edición completa, pregunta en el propio centro si existe la opción de comprar solo el "activity book" y compartir el libro de texto principal entre dos o tres familias que se turnan las semanas de uso, algo que varios AMPA bilingües ya organizan sin ningún tipo de ambigüedad ni letra pequeña.

Mochilas, estuches y uniformes: lo que sí conviene comprar nuevo

No todo vale la pena de segunda mano. Una mochila con la cremallera rota o las correas descosidas no va a aguantar un curso entero, así que en ese caso mejor invertir en una de calidad y usarla varios años en lugar de comprar una barata cada septiembre. Marcas como Totto, Skpat o Safta ofrecen modelos con costuras reforzadas por 35-60 euros que suelen durar tres o cuatro cursos sin problema, frente a las mochilas de saldo que se rompen antes de Navidad y acaban generando el doble de residuo.

Los uniformes, en cambio, son uno de los mejores candidatos para la segunda mano: crecen los niños, no la tela. Muchos colegios concertados y privados tienen su propio mercadillo de uniformes usados al final de curso, normalmente organizado por el AMPA, con prendas en buen estado a precios simbólicos. Si tu centro no lo organiza todavía, proponerlo en la próxima reunión de padres cuesta media hora y puede ahorrar cientos de euros al conjunto de las familias del colegio.

El estuche sin plástico de un solo uso

Aquí está el cambio más sencillo de todos: sustituir los bolígrafos y rotuladores desechables por versiones recargables. BIC tiene ya una línea de bolígrafos Ecolutions con carcasa de plástico reciclado, y marcas como Stabilo o Faber-Castell venden rotuladores recargables que evitan tirar el cuerpo completo cada vez que se seca la punta. Un estuche montado así cuesta un poco más al principio (entre 15 y 25 euros frente a los 8-10 de un estuche desechable de saldo), pero dura el curso entero y el siguiente.

La fiambrera y la botella de agua reutilizable merecen mención aparte, porque son de los objetos escolares que más plástico de un solo uso evitan a lo largo del año: una botella reutilizable de acero o Tritan sustituye, solo en un curso escolar, varios cientos de botellas de plástico de usar y tirar. Lo mismo pasa con la fiambrera: cambiar el envoltorio de aluminio o film transparente del bocadillo por una fiambrera reutilizable de silicona o acero, de las que ronda los 10-15 euros en cualquier bazar o en Ikea, elimina de un plumazo cientos de envoltorios de un solo uso a lo largo del curso.

Los cuadernos y las libretas también tienen su versión sostenible, y cada vez cuesta menos encontrarla en cualquier papelería de barrio. Oxford, Enri y Blasetti venden ya líneas de cuadernos con papel reciclado o certificado FSC, que garantiza que la madera procede de bosques gestionados de forma responsable, por un precio que apenas se nota frente al cuaderno convencional: entre 1,50 y 2,50 euros por unidad, frente a los 1-2 euros de la gama estándar. La diferencia real está en la tapa: mejor evitar los cuadernos plastificados con purpurina o personajes con licencia, que casi nunca se pueden reciclar junto con el papel porque el plástico laminado contamina el proceso.

Qué hacer con lo que ya no sirve

Nada de esto es basura todavía.

Los libros con las páginas escritas a lápiz, las mochilas que ya no aguantan otro curso o el material escolar que sobra no tienen por qué acabar en la basura. Muchos ayuntamientos y ONG como Cáritas o la Cruz Roja organizan campañas de recogida de material escolar en agosto y septiembre para familias con menos recursos, y algunas papelerías locales aceptan devoluciones de bolígrafos y rotuladores vacíos para su reciclaje específico a través de puntos limpios de material de escritura. Antes de tirar cualquier cosa, merece la pena preguntar en el ayuntamiento del barrio: casi siempre hay algún punto de recogida activo que no se anuncia con demasiado ruido. En Barcelona, Zaragoza y otras capitales de provincia, los puntos limpios municipales tienen desde hace un par de años un contenedor específico para material escolar en buen estado, separado del resto de residuos, precisamente para facilitar la donación directa a comedores sociales y asociaciones vecinales. La pega es que estos programas dependen casi siempre de la iniciativa de cada ayuntamiento, así que en pueblos pequeños o barrios sin mucha tradición asociativa puede que no exista nada parecido, y la alternativa más simple sigue siendo preguntar directamente en el colegio del barrio. Guardar el material en una caja etiquetada en el trastero durante el verano, en lugar de tirarlo con la primera limpieza de las vacaciones, es el gesto más sencillo de todos y el que menos tiempo lleva.

¡Un simple vistazo al tablón del colegio o a la web municipal antes de la vuelta al cole puede ahorrar tanto dinero como residuo! Y septiembre, cuando llegue, encontrará una mochila ya lista, sin necesidad de hacer cola en el híper la última semana de agosto.